Demonios - Lidia

Me llamo Lidia y tengo 33 años. Vivo sola con mi gato Klaus en un pequeño apartamento del centro. La verdad es que me encanta mi apartamento.
Tiene dos grandes ventanales que aportan mucha claridad a toda la casa. Hace ya 2 años que lo dejé con Sebas y cada vez estoy más convencida de que fue la mejor
decisión que pudimos tomar.

Trabajo en lo que siempre quise hacer, soy enfermera en la Unidad de Cuidados Intensivos de el Hospital de la Merced, el más prestigioso del país.
La verdad es que recibimos casos bastante complicados, descorazonadores, desesperados incluso, en los que lo único que se puede hacer es
paliar el dolor y esperar a lo inevitable. Lo inevitable o un milagro, claro. Aunque yo no creo en los milagros, sí que he presenciado recuperaciones
milagrosas. Es por eso que aún creo que Sebas podría volver.

¡Basta de Sebas! Hablemos de mí. Soy alta, bueno, alta para lo que suele ser normal
en una mujer, claro. Tengo los ojos verdes y una buena figura. Hago spinning y pilates 3 veces por semana, y cuido mucho lo que como. Creo que mi físico puede
intimidar a algunos hombres. A lo mejor es por eso que no he comenzado una relación seria desde que Sebas se marchó…
De vez en cuando salgo con mis amigas. Me encanta bailar salsa. Elijo mi ropa más sexy y me maquillo. Alguna vez algún chico se anima a bailar conmigo y si es simpático
me gusta poder charlar un rato. Hace poco me fui a la casa de un chico que estaba muy bueno, esa misma noche, aunque yo no soy de ésas…
Una vez allí, cuando nos quitamos la ropa, me vio las cicatrices. Le dije que eran de un accidente de moto hace ya muchos años.
A veces cuando estoy sola me gusta recordar a Sebas. Nuestros momentos juntos, cuando estábamos bien. Como aquella vez
que nos escapamos un fin de semana a la Sierra.

Recordarlo me pone muy muy triste. Y la única forma de acabar con el dolor es cortándome. No me hago ningún daño, no te creas que estoy loca.
Utilizo un sedante inyectado y siempre desinfecto muy bien la zona. Suelo hacer las incisiones en la parte superior del muslo, por encima de
la línea de donde quedaría una mini falda. Cuando me corto me pienso en las razones para que Sebas me dejara.
La razón principal es que yo le quería más que él a mí. Aunque él se quejaba a menudo de que no le dejaba espacio personal. ¡Menuda tontería!

Cortarme me trae paz. Hace que mi cabeza pueda tomar aire, como si se hubiera pasado todo el día sin respirar, ¿comprendes? A veces me gusta ver la profundidad
del corte. Las diferentes capas de la piel, la grasa… No suelo sangrar mucho, lo tengo controlado, ya te dije. Me gustaría saber qué pensaría Sebas de todo esto.

Seguro que me llama 'loca de mierda'. Como cuando se marchó.