El Humo

Pasa algo muy curioso con el humo, verás -dije mientras exhalaba una bocanada de la pipa de opio, a medio camino entre lo real y lo espiritual-, se podría decir que es la intangibilidad hecha cosa.

El humo está ahí, pero no lo puedes atrapar, lo ves, y no puedes saber adónde va. Puedes intentar apresarlo, pero, ¿puedes retenerlo? El humo que ve el viajero fatigado en el horizonte tiene las mismas propiedades que el humo que sale de una locomotora al llegar a su destino, ¿pero tiene el mismo efecto en las personas? El humo es etéreo, sin embargo lo produce algo material. Podemos soplar y hacer que se mueva o que desaparezca incluso, pero si lo haces, ya no puedes conseguir que vuelva a su anterior estado. El humo es también usado para anunciar un nuevo Papa en Roma y es señal inequívoca de peligro, al haber un fuego cerca. Hipnótico, el humo es el significante de lo que se desvanece y de lo que ya está oculto. Es entropía, es caos, es magia.

Si le preguntas a un niño, con toda seguridad te dirá que el humo es lo que sale por las chimeneas o que el humo es eso que sale de la pipa del abuelo. No está tan desencaminado. El humo de pipa huele a heno, a higos, a huerta, a horno, a hogar, a hembra y a hombre.

No hay hipocresía en el humo, Humbold, si es volátil es porque así debe ser. Es bien sabido que los chamanes de algunas tribus indígenas lo usan para comunicarse con los espíritus, no es ninguna casualidad. También la ciencia moderna hace uso del humo para curar al enfermo y la mística lo usa para ahuyentar a las malas energías.

Humbold husmeó su humeante pipa con curiosidad mientras yo me hallaba al borde del sopor más hilarante. Es el humo lo que hace que estemos felizmente embriagados, Humbold. Así que no te resistas, déjate llevar y disfrutemos del humo, que humo fuimos y humo seremos…