Valentina

En casa todos se preparaban para decirle adiós, recordando a mi abuela por lo que alguna vez fue, pero yo me concentraba en recordarla gracias a las cosas buenas que compartimos juntas. Gracias a sus libros y cómics me hizo capaz de soñar, volar incluso. Con ella a mi lado me creía capaz lograr todo lo que quisiera.

Todavía hoy recuerdo claramente lo que me dijo antes de morir: -Valentina, no necesitas alas para volar. Este recuerdo resuena en mi cabeza con más fuerza que el estruendo del cohete que me lleva al espacio. Soy la primera mujer astronauta de la historia.